viernes, 10 de febrero de 2017

El negocio de la ropa usada

http://calafell.cat/noticies/noticies/medi-ambient/calafell-diposita-58-tones-de-textil-usat-als-contenidors-d-humana-do

 
En Calafell existen una serie de contenedores de ropa usada que son los únicos que autoriza el ayuntamiento. Pagan una pequeña tasa que se destina a servicios sociales. Son estos:
- Mossèn Jaume Tobella- carrer del  Mar
- Passeig de la Unió (aparcamiento  Biblioteca)
- Mossèn Jaume Soler (Estación de Renfe)
- Avda. Alemanya-Avda. Espanya
- Pl. Mediterrani (Ctra. De  Barcelona)
- Via lateral C-31 entre els carrers G i  H. (2 unidades)



En diferentes páginas webs y redes sociales se están detectando peticiones de ropa usada y también ventas. Alerta con esto porque alguna de esa ropa usada aparece después en mercadillos y otra (la mayor parte) se está convirtiendo en un negocio para algunos (o forma de ir tirando). Algunas personas cuelgan mensajes en las redes pidiendo ropa usada que, luego, pasan a empresas y con ello, se lucran.





ESPAÑA

La vertiente legal y la ilegal
El negocio de la ropa usada

Hay contenedores de ropa 'piratas' y muchas familias viven de ello. Reparten buzones metálicos con mensajes solidarios haciéndose pasar por organizaciones no gubernamentales para luego venderlas en mercadillos y rastros. La venta de ropa de segunda mano ha crecido en España, un nuevo mercado que viste a familias que quieren ahorrar unos euros en llenar el armario y ganar dinero vaciándolo.

La empresa de compra y venta de ropa Percentil vende 1.500 prendas cada día con un 85% de descuento con respecto a su precio original

LUCAS DE LA CAL Madrid

Cada español se deshace de siete kilos de ropa al año. Un montón de prendas que generan negocio, unas veces legal pero otras no tanto. Hay contenedores de ropa 'piratas' y muchas familias viven de ello. Reparten buzones metálicos con mensajes solidarios de recogida de vestimenta por las ciudades haciéndose pasar por ONG para luego venderlas en mercadillos. Son los contenedores 'piratas'.

Costin es un pirata de segunda mano. Este hombre de 47 años navega cada viernes con su furgoneta blanca por las calles del barrio madrileño de Chamberí recogiendo la ropa de los cuatro contenedores sin licencia que tiene repartidos estratégicamente en la capital. A las seis de la mañana llega a la iglesia de San Juan Crisóstomo. Detrás de ella, tiene camuflado entre árboles uno de sus contenedores. Deja el puro que se está fumando sobre el buzón metálico, lo abre y saca varias bolsas. Sudaderas, pantalones y una camisa de Massimo Dutti en buen estado son sus adquisiciones. Se aprovecha de la buena fe de los feligreses que acuden diariamente a misa y que creen que el contenedor de ropa que está al lado de su parroquia va a parar a los más necesitados de África. "El que quiera donar alguna prenda la tiene que dejar en la iglesia y, con ayuda de Cáritas, la mandamos a las personas que las necesitan. Ese contenedor no tiene nada que ver con nosotros", afirma el párroco.

Pero Costin se justifica diciendo que él también es un necesitado. "Gracias a esto tenemos para comer yo, mi mujer y mis dos hijos", explica. Lleva las prendas a un pequeño almacén que tiene junto a otros dos compañeros piratas en las afueras de Madrid. "Después las vendo en el mercadillo de Vallecas y en el Rastro. Me puedo sacar entre 10 y 20 euros por cada contenedor".

Como Costin, muchas personas viven de la recogida de ropa. Mediante estos grandes cubos metálicos se hacen pasar por organizaciones benéficas que utilizan las prendas para ayudar a los más necesitados. Frases que incitan al viandante a reciclar como 'Cooperación al desarrollo' o 'Ayúdanos a ayudar'. Gana el que más conmueva. Porque es cierto que la crisis ha creado una sociedad más solidaria. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) cada español se deshace de siete kilos de ropa, lo que supone un total de 160 millones al año. Es un producto dulce con el que se pueden ganar 360 euros por cada tonelada, 3.500 euros al año por cada contenedor. Diez buzones de ropa usada dan para vivir a 15 personas.

Cada miércoles, Juana instala un puesto de ropa en el mercadillo de Santa Ana, en el barrio madrileño de Fuencarral. Vende desde calcetines a jerseys por uno y dos euros. Dice en un principio que las prendas se las regalan los vecinos del barrio. Su marido y su hijo sacan cajas de ropa alborotada de una furgoneta verde que tienen aparcada frente al quiosco. Reconocen que tienen varios contenedores por Madrid, pero que no intentan engañar a la gente. "Nosotros dejamos los buzones para que la gente nos eche ropa. Si se piensan que es para otra cosa no es nuestro problema", dice el hijo de Juana.

El Ayuntamiento de Madrid ha retirado en los últimos cinco años 6.000 contenedores sin licencia, gastando más de 100.000 euros. Según la OCU, uno de cada tres son ilegales. Y el ingenio de estos piratas de la ropa no tiene parangón. Algunos se disfrazan de operarios municipales para pasar desapercibidos y poder colocar sus contenedores ilegales. Incluso utilizan para desplazarse una furgoneta tuneada con los colores y logotipos municipales con el anagrama de Medio Ambiente.

La red legal de este tipo de recogida tiene 16 puntos fijos en Madrid. Para ello, se ha suscrito un contrato con la ONG Humana, la única asociación que tiene autorización para ponerlos en la vía pública.

"El problema está en que hay que reeducar a la sociedad. La gente no sabe qué contenedores son los legales y cuáles no lo son. Y por mucho que retiremos los ilegales y multemos a los que se lucran de ello, no funciona. Las sanciones son de 1.500 euros, pero, aun así, les compensa pagar la multa y seguir poniendo buzones metálicos por las calles", dicen en el Ayuntamiento de Madrid.

En Zaragoza, Raúl Ariza, representante de IU en la Comisión de Servicios Públicos, alerta del auge de una red fraudulenta de recogida de ropa usada: "Entran dentro de las comunidades de vecinos y piden permiso al presidente para poner una caja en el portal para reciclar ropa con fines solidarios. Obviamente se lo creen y les dan permiso. Hasta ahí todo legal. El problema es que la ropa va a parar a mercadillos y el beneficio es para particulares".

En Vigo, es habitual ver en los portales de las viviendas contenedores de cartón en los que se pide ropa y calzado usado. En las cajas se puede leer un mensaje claro y un número de teléfono: "Ayúdanos a reciclar y cuidar el planeta". La recogida se realiza cada tres días por una empresa llamada Recyretex. Un portavoz de la empresa dice en un primer momento que la ropa es entregada a Cáritas, pero esta entidad lo desmiente. Así que, en una segunda llamada, en Recyretex aseguran que las prendas va a un mercadillo solidario de Pamplona.

"No dejes tu ropa usada en cualquier contenedor. Te ayudamos a no equivocarte señalando cuáles son los contenedores de ropa legales en tu ciudad", advierten muchas webs de los ayuntamientos españoles. Quieren acabar con los buzones ilegales. Y así poner fin a los piratas de la ropa usada disfrazados de ONG.